Fresas
salvajes
Un
viejo doctor comienza un viaje en Estocolmo. Es un viaje a su infancia, con su
nuera. Fresas salvajes, de Bergman. La ensoñación lo lleva a la casa de los
veranos de antaño. La prima, amor irrealizado. Las tediosas gemelas. Sueña,
pero también despierta y Dios existe o no existe pero eso da igual a fin de
cuentas: existe su infancia. Pero el viejo ahora es huraño, tiene la frialdad
en su sangre y es en el fondo incapaz de amar. Fue capado en la casa junto al
lago. Estuvo siempre muerto sin saberlo y comprende ahora sus pesadillas. Ese
doctor que recibe su honoris causa por una vida inventada sólo desea
volver a la cama, cerrar los ojos y viajar al verano de la primavera de sus
pasos. Pero allí mismo volcó una cesta con fresas salvajes y se echó todo a
perder. Ese doctor es cualquiera de nosotros.
Comentarios
Publicar un comentario