Resumen del año rugbístico 2024-2025

 


El calendario deportivo anual para alguien que sigue competiciones dispares (tanto en lo formal como en lo geográfico) no deja de ser un laberinto infinito, un glorioso eterno retorno. El caso del calendario ‘rugbístico’ es la extrapolación de esa marisma deportiva a un solo deporte, y con una explicación obvia: el rugby de élite se sitúa geográficamente en polos tan lejanos como Europa occidental, Sudáfrica y Oceanía. Las ligas de estos lugares siguen el calendario según las estaciones de origen, según sea invierno o verano. De este modo, resulta algo aleatorio ver este baipás de finales de junio como el fin de una temporada (24-25 en este caso), que es cierta para el caso europeo pero no lo es tanto para el ordenamiento temporal del hemisferio sur. Sea por arbitrio o por paralelismo con otros deportes que sigo como el fútbol o el baloncesto europeos, parece coherente establecer en este momento el parteluz entre lo visto y lo que ya se verá. Proclamo así el final de una temporada de algo que, como ente global, no existe.

Si años atrás la foto indudable para ilustrar el estado del rugby era la del francés Antoine Dupont, esta vez es obligatorio mencionar la fascinante campaña de su compatriota el ala Louis Bielle-Biarrey. El joven de 22 años lideró a Francia para la consecución del Seis Naciones 2025 en ausencia precisamente del líder Dupont, lesionado en la cuarta jornada. Fue ese 8 de marzo en el Aviva de Dublín cuando Les Blues amarraron la victoria en el clásico de selecciones europeo. Con un 27-42 bastante más contundente que lo que expresa el resultado, los franceses doblegaron al otro gran candidato, que venía completando un 3/3 en el torneo, abierto con victoria ante Inglaterra. A Irlanda le sobrepasó el escenario de recibir a Francia habiendo conseguido ya la Triple Corona y debiendo ‘tan sólo’ vencer a Francia y superar el trámite de Italia para sumar un nuevo Grand Slam. Nada de eso ocurrió y el quince del gallo recuperó su mejor versión tras perder en Twickenham de un punto. La rotura del cruzado de Dupont fue un golpe, para franceses como para cualquier aficionado al rugby, pero el salto de LB-B al estrellato máximo del deporte es una gran noticia que nos dejó el 6N.

En lo referente a las ligas, al rugby de clubes, sigamos hablando de Bielle-Biarrey y de la consagración de la Union Bordeaux Bègles como campeones de Europa. También el joven ala fue el gran líder de los bordeleses, aquí unido a la inspiración de otros backs como Maxime Lucu, Matthieu Jalibert o Damian Penaud. La combinación de hombres pesados al frente y de habilidosa magia negra entre los backs ha sido clave para completar una Champions perfecta: ocho victorias en ocho partidos. Acabaron primeros en un grupo donde estaban clubes de sangre azul como Toulouse o Leicester Tigers. Ganaron además a los sudafricanos de Sharks por 66-12 y también a domicilio en Exeter y Ulster. Todo palizas. Precisamente Ulster y después Munster, ambas provincias irlandesas, fueron sus víctimas camino al partido más importante de UBB tal vez en su historia: la semifinal ante Toulouse. Porque Stade Toulousain es la gran fuerza del rugby francés actual, el equipo top a batir, campeón del doblete Top14-Champions en 2024.

Fue la victoria en esa semifinal la que justificó todo lo que habíamos visto y dio sentido a nuestras buenas sensaciones con los vinotinto. La final de la Champions fue una sólida victoria ante Northampton Saints, 28-20. En Burdeos, una de las grandes ciudades rugbísticas del sur de Francia, hace años comenzó una gran inversión para atraer jugadores y competir en la mejor liga europea. No hay que irse muy para atrás para recordar a este equipo jugando la segunda división francesa. Como en el caso de La Rochelle previamente, la consagración de Bordeaux ha llegado de manos de una muy bienvenida Champions Cup. Si son capaces de asegurar el futuro de esos jugadores en la plantilla (y eso se consigue a base de euros), no tengo dudas que UBB seguirá en la élite europea y servirá de referente para alimentar a la selección gala tanto como Toulouse.

Si hablamos de tradición, de vuelta a lo más alto, de éxito como club…hay que hablar de Bath Rugby. The Rec es seguramente uno de los mejores recintos deportivos de Europa. Lo sé, tiene una grada supletoria y una capacidad bastante reducida, pero su atmosfera es una prueba inmaterial de la esencia del Rugby en Inglaterra. Así me lo hizo saber una vez un inglés a las puertas del Aviva, en Dublín, cuando traté de argumentar por qué un español era fan del rugby y buscaba experiencias en estadios referentes. ‘Debes ir a The Rec’. Y era cierto, siempre Bath suscitaba esa condescendencia del club puro, que respira ovoide por los cuatro costados. Pero esa simpatía es la que se concede a los clubes perdedores, y Bath lo ha sido: una Challenge Cup en 2008 como último gran título para una sequía de 29 años en Premiership (1996). Y todos sabemos lo que importa la Prem para un club que ganó seis en ocho temporadas allá por los noventa.

Pues bien, Bath nos ha hecho volver a los noventa este año, al rugby de The Rec, del barro y las gradas supletorias. Bath ha ganado en 2024-2025 la Premiership Rugby, la Premiership Cup y la Challenge Cup. Es decir, en una burda traducción futbolística: la liga, la copa y la segunda competición europea. Es como estar parado durante casi tres décadas y que en unos meses te salgan tres trabajos que consagran tu carrera profesional. Y no neguemos que de ellos el más especial es la liga doméstica, la Prem. Una liga de la que han caído históricos como Wasps, Irish o Warriors recientemente por problemas financieros. ¡Qué suerte tener en tan buen estado deportivo a una leyenda como Bath Rugby! Porque lo deportivo, pensamos tal vez de forma optimista, puede ayudar a lo económico. Y cómo han ayudado este año grandes como Stuart, Underhill, Spencer, Lawrence, Russell, Muir o Cokanasiga para devolver a Bath de dónde se cayó hace casi tres décadas. Bath es el sexto campeón en seis temporadas de Premier, y se desquitan así de la final perdida hace un año con su séptimo título. Año redondo después de ganar la liga regular y superar a otros candidatos como Saracens, Sale o el rival Bristol. La final, agónica otra vez, 23-21, algo ya muy común en la Premiership inglesa, vio el retiro de dos mitos de Leicester y de la selección: Dan Cole y Ben Youngs. Tradición, galones, emotividad y competitividad, otro año más de Premiership Rugby.

No debería demorarse más la mención a Leinster Rugby, el club que ha estado en el lado perdedor las últimas temporadas, tanto en URC como en Champions. Y lo ha estado de manera ‘contranatural’, pues no es normal que la gran plantilla de los dublineses, su staff y, sobre todo, los resultados apabullantes durante toda la temporada se quedaran en agua de borrajas un año sí y otro también. Simplemente comenzaba a ser ya una broma de mal gusto que Leinster perdiera cada final de Champions (3 en 3 años; 22, 23, 24) y que no consiguiera llegar ni a la final del URC (desde su cambio de formato en 2021) siendo de siempre el favorito prohibitivo. Son cosas que ‘no deben pasar’, que deberían tratar los expertos en fenómenos paranormales. El Real Madrid ha acertado muchas veces en abril y mayo después de temporadas dudosas; Leinster ha sido el ejemplo contrario, el castillo de naipes que caía en el último suspiro.

Este año para Leinster: ni una derrota en la final de la Champions ni una no-clasificación para la final del URC. Pero eso, claro, no ha ahorrado a Leinster el momento hecatombe de cada temporada. En la Champions. Esta vez derrota en semifinales, en el Aviva, ante unos meritorios Northampton Saints que el año anterior ganaron la Premier. Pero era algo, de nuevo, ‘que no podía pasar’. Leinster anotó 114 puntos y no recibió ninguno en sus enfrentamientos de octavos (62-0 a Harlequins) y de cuartos (52-0 a Glasgow). Ante tal vendaval hubiera sido sensato que los Saints de las midlands inglesas decidieran no bajar del autobús. Pero se bajaron y dieron la gran sorpresa ganando de tres en Dublín.

¿Qué ha ‘arreglado’ la temporada de los azules irlandeses? La victoria, al fin, en el URC. Algo que se siente más como una obligación cumplida que como un gran éxito. No hay aquí la épica excepcional de Bath, pero sí altas dosis del mejor rugby europeo de los últimos años. Con la base de jugadores de la selección irlandesa en sus filas (Furlong, Sheehan, Porter, McCarthy, Conan, Doris, van der Flier, Gibson-Park, Henshaw, Lowe o Keenan entre otros) y los flamantes fichajes del sudafricano Snyman, el francés Slimani y el neozelandés Barrett, Leinster se ha convertido en lo más parecido a un equipo All-Star. La profundidad de una plantilla de jugadores internacionales ha dado a Leinster 76 puntos en la liga regular, muy por encima de los 48 que han supuesto el corte para entrar en playoffs, a ocho del segundo y a 17 del cuarto. Leinster es de otro planeta y ha sido una rareza que no solo los sudafricanos de Stormers en 2022, sino también europeos como Munster (2023) y Glasgow (2024) hayan levantado un título que parecía asignado a Leinster cada temporada. La apuesta de Leinster, aun así, sigue incompleta. No ha podido todavía establecer una dinastía en la URC después de armarse para ganarle a los equipos sudafricanos y, lo más relevante, no ha podido volver a coronarse campeón de Europa pese a ser considerado el mejor equipo del continente.

Y dejemos el viejo continente para abarcar el Super Rugby Pacific 2025. Acabamos con el plato fuerte del rugby de clubes, con las franquicias que alimentan a All Blacks y Wallabies, entre otros. Y el titular aquí es la vuelta de los Crusaders al título, un matrimonio que dura ya casi una década pero que viene de una gran crisis en 2024. Quien lea el palmarés verá seis títulos de Crusaders en siete temporadas, esto es, una dinastía. Pero la marcha de Scott Robertson en 2023 para ser seleccionador de Nueva Zelanda dejó sin ganas de bailar a los grandes dominadores de la competición. Fue momento para que Blues y Chiefs cogieran el relevo y muchos pensamos que era el fin del dominio cruzado. Un Super Rugby abierto a varias opciones (y lo escribe un seguidor de Crusaders) es siempre una buena noticia. Ese fue el caso de la edición de 2024 y, seamos sinceros, lo ha sido en 2025.

Los Chiefs acabaron en la primera plaza y parecían destinados a relevar a los Blues y desquitarse de la derrota del año pasado. La temporada de Blues ha sido un ir de menos a más y han entrado en playoffs en el último puesto. Equipos como Reds, Hurricanes, los constantes Brumbies o hasta Waratahs y Force al inicio de la campaña parecían grandes animadores del torneo. Una competición abierta y de nivel. La derrota de Chiefs en la primera ronda de postemporada les hizo perder el seed 1 y a la postre la posibilidad de una final en casa ante Crusaders. Por ello el equipo renacido de sus cenizas, reconstruido en cuestión de un año aunque manteniendo a parte de sus habituales sospechosos, ha vuelto a albergar una Grand Final en Christchurch, un clásico ya del rugby ‘kiwi’. Ganar a los Chiefs ha supuesto interponerse ante la narrativa de la dinastía acabada y la abierta lucha por el título. En el sur, y por vez número 13 en 28 temporadas, los Crusaders han ganado la batalla. Se dice pronto.

Un verano rugbístico formidable aparece en el horizonte, que será invierno en varios de los países donde tendrá lugar. Gira de los British & Irish Lions en Australia, con hasta 9 partidos en tierras isleño-continentales. Visita ‘caliente’ de Inglaterra a Argentina, ‘temerosa’ de Italia a Sudáfrica, ‘comercial’ de Gales a Japón y ‘tremenda’ de Francia a Nueva Zelanda. Irlanda en cambio se verá las caras con el nivel B del rugby europeo: Georgia y Portugal…y lo que nos gustaría verla contra España. El año rugbístico de clubes, europeo y oceánico, se despide. Piden paso los tests de selecciones y el Rugby Championship. La rueda no para, el ciclo continuo del rugby pasa un capítulo mientras comienza a leer otro. Pero el libro nunca se cierra. Lo que pase en adelante será ya otra historia.

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